4.11.09

Olympic Gigoló.


Terracota policromada, h.480 a.C., Museo de Olimpia

Este fresco de Baldasare Peruzzi es ya del Renacimiento. Es un Ganímedes tan andrógino, tan rubito y tan “casto” -sujetándose el trapito para que no se le caiga-, que convierte a Zeus en un Humbert Humbert abducido por su Lolito particular. (Lo único que no acaba de cuadrarme es la dirección en la que se le vuela el pelo.)

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Una de las representaciones más antiguas del mito es una terracota griega del periodo arcaico. Son los inicios de la escultura griega y en fin... está claro que aún no dominaban demasiado la técnica. Supongo que el águila les complicaba bastante la vida, así que optaron por representar a Zeus en forma humana y a Ganímedes más chiquitín, para que se note que era “más joven”.





Baldassare Peruzzi, h.1510, pintura al fresco, Villa Farnesina, Roma

El Ganímedes de Correggio también se deja raptar sin demasiado pataleo. El efebo parece más preocupado por no caerse que porque se lo esté llevando un pajarraco negro.



Antonio da Correggio, h.1531, óleo s/ lienzo, Kunsthistorisches Museum, Viena

El rapto de Carracci me recuerda un poco a la escena en la que Superman y Lois Lane van volando por el cielo. Se les ve tan contentos, agarraditos, conversando… a nosecuantos metros de altura… como quien no quiere la cosa (y más teniendo en cuenta el tamaño del águila y la envergadura de este tiarrón).


Anibale Carracci, h.1600, pintura al fresco, Palazzo Farnese, Roma

Rubens pintó dos cuadros con este tema. En el primero, Ganímedes ya ha llegado al Olimpo. Le vemos sentado cómodamente en el regazo de Zeus mientras Hebe le entrega la copa, en pleno traspaso de poderes. (Sí, está muy bueno.) La segunda versión es ya más “Rubens”, con un Ganímedes algo falto de ejercicio y algo sobrado de alimento.



Peter Paul Rubens, 1611-1612, óleo s/ lienzo, Palacio Schwarzenberg, Viena




Peter Paul Rubens, 1636, óleo s/ lienzo, Museo del Prado, Madrid

Con este cuadro se nos rompen todos los esquemas. Rembrandt pintó la obra para un calvinista, eliminando toda alusión erótica al tema. Pero va incluso más allá, y hace una dura crítica a la pederastia, representando a un niño aterrado que literalmente se está meando de miedo.


Rembrandt, 1635, óleo s/ lienzo, Alte Meister Gallerie, Dresde

El Ganímedes de Eustache Le Sueur es otro de los que se deja llevar encantado, y si nos apuramos, hasta con cara de vicio. Le Sueur es uno de los fundadores de la pintura clásica francesa (le llamaban El Rafael francés).





Eustache Le Sueur, h. 1650, óleo s/ lienzo, Museo del Louvre, Paris

Y para acabar, una de las obras más famosas de Thorvaldsen, un escultor danés que trabajo sobre todo en Roma. Es una obra neoclásica, así que el autor pasa de raptos y lo representa dando de beber tranquilamente al águila, potenciando el equilibrio y la armonía de la escena. No os extrañéis del sombrero pitufo de Ganímedes, en realidad es un gorro frigio (uno de los atributos típicos de este personaje).


Bertel Thorvaldsen, mármol, 1817, mármol, Museo Thorvaldsen, Copenhague