9.12.09

DIEGO RIVERA.


(Guanajuato, 1886 - ciudad de México, 1957) Pintor mexicano, considerado uno de los principales muralistas de su país. Estudió por espacio de quince años (1907-1922) en varios países de Europa (en especial, España, Francia e Italia), donde se interesó por el arte de vanguardia y abandonó el academicismo.

Las obras de este período reflejan, por un lado, un acusado interés por el cubismo sintético (El guerrillero, 1915), asumido en su etapa parisina, y por otro, una gran admiración por los fresquistas del Quattrocento, (y en especial, por Giotto), lo que motivó su alejamiento de la estética cubista anterior.

Identificado con los ideales revolucionarios de su patria, Rivera volvió desde tierras italianas a México (1922), en un momento en que la revolución parecía consolidada. Junto con David Alfaro Siqueiros se dedicó a estudiar en profundidad el arte maya y

azteca, que influirían de forma significativa en su obra posterior. En colaboración con otros destacados artistas mexicanos del momento (como el propio Siqueiros y Orozco), fundó el sindicato de pintores, del que surgiría el movimiento muralista mexicano, de profunda raíz indigenista.

Durante la década de los años 20 recibió numerosos encargos del gobierno de su país para realizar grandes composiciones murales (Palacio de Cortés en Cuernavaca, Palacio Nacional y Palacio de las Bellas Artes de Ciudad de México, Escuela Nacional de Agricultura en Chapingo) en las que Rivera abandonó las corrientes artísticas del momento para crear un estilo nacional que reflejara la historia del pueblo

mexicano, desde la época precolombina hasta la Revolución, con escenas de un realismo vigoroso y popular, y de colores vivos. En este sentido, son famosas, por ejemplo, las escenas que evocan la presencia de Hernán Cortés en tierras mexicanas (por ejemplo, la llegada del conquistador a las costas de Veracruz, o su encuentro en Tenochtitlán con el soberano azteca Moctezuma II).

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PREFACIO -Fragmento 3- "ALTAZOR"
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Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza
de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.
Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la
amada.
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La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, a ti
que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.
Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su
órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus
esfuerzos.
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Y aprovechando este reposo bien ganado, comencé a llenar con
profundos pensamientos las casillas de mi tablero:
Los verdaderos poemas son incendios. La poesía se propaga por
todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos
de placer o de agonía.
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Se debe escribir en una lengua que no sea materna.
Los cuatro puntos cardinales son tres: el Sur y el Norte.
Un poema es una cosa que será.
Un poema es una cosa que nunca es, pero que debiera ser.
Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
Huye del sublime externo, si no quieres morir aplastado por el viento.
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VICENTE HUIDOBRO
Chile-1893
De “Altazor”

EL TÁLAMO ETERNO. César Vallejo
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EL TÁLAMO ETERNO

Sólo al dejar de ser, Amor es fuerte!

Y la tumba será una gran pupila,

En cuyo fondo supervive y llora

La angustia del amor, como en un cáliz

De dulce eternidad y negra aurora.

Y los labios se encrespan para el beso,

Como algo lleno que desborda y muere;

Y, en conjunción crispante,

Cada boca renuncia para la otra

Una vida de vida agonizante.

Y cuando pienso así, dulce es la tumba

Donde todos al fin se compenetran

En un mismo fragor;

Dulce es la sombra, donde todos se unen

En una cita universal de amor.
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CÉSAR VALLEJO (Chile 1892)

Del libro “Los Heraldos Negros”


Amor, color y olor en primavera,
se encuentran las jubilosas pasiones,
alegrando el alma los corazones,
y sus flores todas en abridera.

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El néctar recogiendo va la obrera,
de rica miel pregona anunciaciones,
de aguijón haciendo defoliaciones,
como el amor, de flor en flor coplera.

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Las flores no son vidas duraderas,
el amor depende como se cuide,
se harán como cielos, se harán infiernos.

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Cojamos en tercetos las primeras,
tiempo, insobornable juez quien decide.
todo depende de nuestros gobiernos.
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Son insignes las letras y humilde el poeta...